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lunes, 5 de junio de 2017

Ahora sí que estoy con pena

No recuerdo bien el número del autobús, ha pasado mucho tiempo. Solo recuerdo que me llevaba de la rotonda de Juan Pablo II en Bellavista, hasta el colegio San Agustín en San Isidro. Todas las mañanas cogíamos ese bus (cuando por motivos que ya no recuerdo mi madre dejó de llevarnos a clase…) que era de los más modernos de la lima de finales de los 80: no tenía cobrador propiamente dicho, lo hacía el propio conductor, y no estaba atestado de gente; claramente eran otros tiempos…

Tantas veces hicimos ese camino mi hermano Jose y yo, que descubrimos rutas alternativas, no siempre más rápidas, y desde luego no más baratas… Pero hacía que llegáramos a casa más tarde. Quizás no lo quiero recordar, pero nunca teníamos prisa por llegar a casa, éramos tan jóvenes que disfrutábamos del viaje…

Una de esas rutas, nos hacía pasar por el restaurante de mis abuelos, en el Jirón Carabaya. Los mejores momentos los he pasado allí, y aunque la oscuridad muchas veces me jugaba malas pasadas, me encantaba ir a la cocina y picar de todo lo que allí se había preparado para vender… Más de una vez tuvieron que venir a buscarnos porque se nos hacía muy tarde allí, pero nos gustaba pasar ratos agradables allí, jugando, corriendo entre las mesas y tomando refrescos y chifles sin límite…

Especialmente recuerdo una de las veces que no fuimos a clase porque llegamos tarde. La puerta del colegio estaba ya cerrada y no te dejaban entrar, así que nos fuimos donde no nos buscarían: al restaurante. Pero a esas horas de la mañana estaba aún cerrado, por lo que llamamos a casa de mi mamá Vilma que era la casa de al lado. Nos abrió, pero lejos de reprendernos, nos advirtió de la inminente llegada de mi padre. Sólo nos dio tiempo a meternos debajo de un armario, con mochilas y todo, mientras ella corrió a la cocina a preparar el desayuno.

Mi padre conserva la misma forma de caminar desde que tengo uso de razón. Paso firme, rápido y una frenada con 3 deslizamientos de suela que, aunque sus hijos hemos intentado emular, no hemos sido capaces. El sonido de esos pasos tenía muchos significados para mí (la mayoría de veces, según mi comportamiento), en esa ocasión lo que sentí fue pánico: yo no debía estar ahí, no debí haberme llevado a mi hermano allí (aunque no fue precisamente a rastras), y no debí involucrar a mi mamá Vilma en esto. Me había metido en un buen lío.

Justo cuando pensaba salir y confesar, con lágrimas en los ojos, escuché la conversación entre mi padre y mi mamá Vilma. La naturalidad con la que esa mujer convenció a su hijo de lo agradable de su visita, que si iba a venir a comer, que si sabía lo último de su padre (mi abuelo) y de la cantidad de trabajo que tendría acumulado por venir a visitarla… “Vaya nomás a trabajar hijo, más tarde viene y le preparo el almuerzo…” Todo para que se marchara en menos de 20 minutos y pudiéramos salir, desayunar y “arrancar corriendo en un colectivo a casa que si no al final me van a castigar hasta a mi…”

No voy a olvidar que me enseñó a hacer arroz en tu estancia en Madrid (mis hermanos aun lo envidian y sólo Ysa ha conseguido superarme), que fue mi madrina de bautismo y que, hasta ahora, cada vez que me veía, me preguntaba si estaba de pena, porque se me veía muy flaquito… No mamá Vilma, no voy a olvidar el tipo de mujer que fue usted, ni lo feliz que hubiera sido de tener a mis hijos en sus brazos. No voy a dejar de preguntarme un segundo porque no la llamé siempre que tuve ocasión, y porque en un mismo año la he perdido a usted igual que a mi papá Nico. No.


Sólo me quedará el consuelo de saber que ese día mintió por mí y por mi hermano, que nunca se supo hasta hoy y que siempre pude confiar en usted. Hasta siempre mamá Vilma. Ahora sí que estoy con pena.

martes, 14 de febrero de 2017

Mis cumpleaños no volverán a ser lo mismo...

Precisamente ahora pensaba en cuando sería el momento adecuado, en si sería capaz o si me vendría abajo. La verdad es que escribir 2 líneas me ha costado menos de lo que esperaba, pero será el resto lo que determine si fui o no capaz…

Hace 10 días mi abuelo Nicolás dejó de sufrir. Hace 10 días se incrementó el dolor que llevaba semanas gestando dentro y que me dejó sin aliento durante unos instantes. Unos días antes, una complicación ademas de su enfermedad le hizo dejar de ser quien fue, pero el egoísmo inconsciente del ser humano lo retuvo unos días más hasta que su cuerpo dijo basta. Ahora descansa, pero su fuerza y su recuerdo me invade día tras día.

Mi abuelo cambió su Chiclayo natal por la ciudad de Lima allá por el año 1958, y fue con mucho trabajo que salió adelante con lo que mejor sabía hacer: música. Más de 30 discos avalan su trayectoria y el mundo de la canción criolla llora su partida. Pero a mi solo me queda el consuelo de saber que, una décima parte de su talento, sigue viva en sus hijos, nietos y bisnietos…

Cuando mis padres decidieron cruzar el charco, no era consciente de la cantidad de cosas que iban a cambiar. No solo me refiero a lo mucho que iba a fardar en el colegio habiendo viajado en avión desde tan lejos, o lo bien que entendía el inglés por las semanas que pase con mis tíos en NY… Me refería a que asentar mi vida a tanta distancia, me repercutiría mucho, y más adelante, pero aun no era consciente de ello…

Mi tio Memo falleció siendo Paloma muy pequeña, antes de regresar a Perú la primera vez. La noticia me dejó tan impactado, que no pude llorar hasta años después, delante de su tumba y aun siendo un niño. Ese fue el primer golpe que se llevó mi papá Nico, directo a su sueño de continuidad con el grupo, el dolor que un padre nunca debería sufrir y que ahora entiendo en magnitud. Yo no sería tan fuerte. Quizás por superstición o por cobardía, pensando en todo ello entenderás que ninguno de mis hijos se llama Guillermo…

En muchos sentidos recuerdo aquella época con mayor claridad, no solo por la edad, sino por la cantidad de tiempo que pasamos juntos mi abuelo y yo. Disfruté mucho de su risa, su carácter, su guitarra y su mundo… quizás inconscientemente me vi en su lugar, haciendo lo que él hacía: habitualmente yo actuaba en el colegio, en reuniones familiares y en alguna actuación de mi abuelo. Veía el orgullo en sus ojos y aquello le animaba poco a poco a salir de pozo… Siempre esperó algo más de mi, siempre quiso que me hiciera cargo del grupo, incluso alguna vez fueron propuestas sólidas y con un plan… siguiendo mi vida en España y con giras un par de veces al año… pero no lo hice.

No me arrepiento, pero se que le decepcionó mi negativa, se que un poco de su orgullo por mi se quedó por el camino, por eso le pedí a mi prima que al dejar sobre su féretro la rosa a mi nombre, le pidiera perdón. Perdón por decepcionarle, por no haber estado allí con él, por no haberle visto cara a cara en los últimos 7 años, por no llamar suficientes veces (incluso habiéndomelo pedido) y por dejar que pasaras muchos días olvidado en un cuartucho del jirón de la Soledad, en Lince, viendo agotarse tu tiempo…

Mi querido Papá Nico...

Me diste tu bendición con Ysa, de quien dijiste que el destino la puso en mi camino. Te pareció magia que pasara sus veranos entre algarrobos como los de tu tierra, y que naciera el mismo día que cantabas como nacimiento del Tondero. Te prometo que la próxima vez la llevaré a Chiclayo, cuna de los Seclén, con mis hijos a darte el cariño que te mereces; para que conozcan donde comenzó todo. Gonzalo y Darío sabrán de ti, me encargaré de ello. No los viste en persona pero las tecnologías nos permitieron vernos y saludarnos, mientras alababas los rasgos “Seclén” de cada uno de ellos. Te prometo que conocerán tu historia y, sobre todo tu música, aquella que me escapaba a oír escondido en el radiocasete del coche de mis padres y ahora lloro cada vez que suena en mi móvil.

En 1992 tuve el privilegio de acompañar a “Los Mochicas del Perú” a la Expo de Sevilla, allí vi a mi tío Richard y a mis padres compartir escenario contigo, te vi arrasar en la Cartuja delante de un público entregado y sentí el orgullo que ahora está más vivo que nunca en mi corazón. Sólo tenía 14 años y llevaba un poco más de 2 sin verte, en tu único viaje a España. Todavía recuerdo las veces que me pediste que te trajera conmigo, que sólo necesitabas un poncho, al que llamabas disfraz, y una guitarra para reconquistar España entera…

Hay tantas cosas de las que no quiero olvidarme, que me olvido de lo mas importante. De aquella tarde de 1985 cuando aparecías por la casa que teníais en el jirón Carabaya, silbando, con la guitarra en la mano, a pocos días de nuestro cumpleaños. Trajiste algo en una bolsa que le diste a mi mamá Vilma y ella aceptó de mala gana (entonces no sabía que estabais separados). Hablasteis de algo intrascendente y yo le pregunté a ella si ya te había perdonado. Te miró con esa mirada altiva que te analizaba de arriba abajo y dijo que no. Sonreíste y me dijiste: “Ya vamos por buen camino, hijito, esta noche seguro que dormimos espalda con espalda”

Así eras papá Nico, todo alegría y buen humor. Con su grito de guerra "Achica, achica... Mochica". Muchos dirán que en eso nos parecemos, también en lo presumido y en lo sociable. Pero lo que no saben es que también nos parecemos en otra cosa, en que ambos dejábamos la guitarra en la puerta al llegar a casa y nos comíamos la pena o los problemas solos. Por suerte, Ysa y los chicos me sacan de ese estado rápidamente, como seguro hacían mis tíos contigo. Y cogías la guitarra de la puerta y tocabas también dentro de casa.

Por todo eso lo que mas me duele es que casi no recuerdo haber pasado cumpleaños contigo. Recuerdo haberte llamado, felicitarte y ver como cada vez te costaba más recordar que también era el mío. Me gustaba decir que no podía ser casualidad que 52 años después de nacer tú, naciera otro Nicolás, y que el destino nos quería decir algo con todo eso… Pero ya no será así. Tendré que acostumbrarme a oírte sólo desde mi móvil, a verte solo en vídeos y a cantar tus canciones maldiciendo tener sólo la décima parte de tu voz. Porque en 2010, en el avión de vuelta a Madrid, le dije a Ysa entre lágrimas que temía no volver a verte, y así fue. Ahora ya no estás físicamente, pero eres para todos eterno, eres un Mochica Inmortal. Estás presente en todos los que te conocieron y tu recuerdo aparecerá en cuanto alguien afine una guitarra... Te echaré de menos sobre todo porque llevaré siempre una parte de ti. Y porque a partir de ahora, mis cumpleaños no volverán a ser lo mismo…

Nicolás Seclén Sampén (1926-2017)
Te quiero abuelo, descansa en paz.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Mi abuelo le cantaba a mi destino


Hay una sensación extraña que me viene a menudo y que hace que me plantee mucho las cosas. No es que esté a disgusto con mi vida, ni muchísimo menos, pero en mi cabeza, a menudo, vuelan imágenes sobre que habría pasado si hubiera tomado decisiones distintas o si me hubiera centrado en una sola cosa en vez de en mil.

Todo empieza en la música. Es mi gran pasión y me ha ayudado a salir de baches que creaba mi mente de adolescente; ha sabido llenar los huecos afectivos que quedaron tras la separación de mis padres y me ha ayudado a ganar en autoestima. Pero nunca le he dedicado el tiempo suficiente. Quizás las obligaciones o la falta de constancia (uno de mis grandes lastres) sean en parte responsables, pero he dejado pasar ese tren. Si me hubiera centrado en ella, como mi abuelo ¿hasta donde habría llegado?, ¿sería suficiente para mi?, ¿sería la misma persona?, ¿sería feliz?... Seguro que no sería ni la sombra de mi abuelo (alguien me dijo que no tengo ni la décima parte de su voz). Si algo se, es que la música siempre será mi compañera de viaje.

La idea del lastre me hace volver al tema favorito de los padres: los estudios. Tal vez habría llegado más lejos de no ser tan vago. Si no hubiera tirado por la borda 3 años de partidillos en el patio del instituto y unos cuantos más de mus y rugby en la facultad… Es difícil de decir, pero he superado peldaños altos cuando me lo he propuesto, lo que me hace pensar que es el ser inconstante es lo que me ha dejado con menos oportunidades. Evidentemente, en experiencia de trabajo en el campo de la química, tengo pocas personas que tengan mi currículum, pero es duro ver que te dejan fuera de un proceso por falta de titulación… Tal vez lo retome… si maduro…

Cuando eres el gordito del grupo creas mecanismos de defensa: eres simpático, gracioso, intentas ir a la última (yo soy más de gadgets que de moda)… Pero hay quien, hagas lo que hagas, siempre te ve así: gordo. Nunca he querido cambiar ni me ha importado lo que opinaran el resto… lo que no significa que no me molestara e hiriera… Es sólo que me hubiera gustado estar en la piel de los demás por un momento y descubrir todo lo que ese gordito tiene que ofrecer. Tal vez si hubiera dejado a mi padre hacer su trabajo, hubiera cambiado mi fisionomía… pero no sería el mismo.

Tal vez el tamaño es lo que me hizo acercarme al rugby. Un puesto para cada tipo de jugador, la importancia del compañerismo y la pasión me cautivaron enseguida. En éste deporte si que podría tener el futuro que el fútbol me había negado (y eso que he mejorado con los años). Pero otra vez la falta de constancia me hizo dejarlo poco a poco… bueno eso, y una lesión de rodilla por el peso… (No, si al final todo va unido). Ni siquiera seguí con el arbitraje al volver de la lesión…Las sensaciones no volvieron a ser las mismas al principio, y el alto nivel ya quedaba muy lejos. Gracias a los veteranos voy recuperando sensaciones, y volviendo a disfrutar… Gracias químicos.

Así que, visto lo visto, cambiar lo que soy ahora no depende de una decisión u otra: son un conjunto de ellas… debe ser a esto a lo que se refieren cuando dicen que la vida pasa mientras la planeas. Ahora me centro en mis trabajos (Caucheros, Nargytos y las chuches), mis aficiones (música, fútbol, rugby) e Ysa… No se porque, pero siento que aunque mi vida hubiera sido de otra manera, habríamos acabado juntos… No creo que el destino de una persona esté escrito, pero si creo que hay personas predestinadas a estar juntas… Definitivamente, éste es mi caso. Mi abuelo le cantaba, hace más de 40 años, a los algarrobos que crecían en su tierra… los mismos algarrobos que veía hace más de 40 años, la abuela de Ysa por la ventana, al otro lado del mundo…

lunes, 6 de septiembre de 2010

Los Mochicas del Perú

Aqui os dejo un documental de mi abuelo, grabado hace 7 años, cuando cumplía 50 años como músico... espero que os guste...

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Dentro de pocos días será 10 de Septiembre

Hace 84 años, el 10 de Septiembre, nació el primer Nicolás Seclén. Ése fue el principio de todo y la razón de que yo tenga el mismo nombre (bueno, no exactamente el mismo), y la misma pasión por la música… Trabajó en el campo y se labró un futuro cantando y tocando “el arpa” como él llama a su guitarra. Un concurso celebrado en el departamento de Lambayeque, lo lanzó a la fama y paso de su Chiclayo natal a la ciudad de Lima: Allí llevo a sus hijos y todos se hicieron profesionales con el esfuerzo de su garganta y con el trabajo de mi mamá Vilma, que criaba a los niños mientras mi abuelo se iba actuar por ahí… “Ésta vida de bohemio, hay que saberla llevar…”

Entre esos 6 hijos, estaba Segundo, el mayor (aunque no lo diga, también es un Nicolás Seclén…), también responsable de mi nombre y mi carácter… aunque eso es para más adelante. Pasó el tiempo y el director del conjunto de música criolla “Los Mochicas del Perú” vio como su hijo mayor, ingresó en la Universidad Peruana Cayetano Heredia, y se hizo profesional; era un reto que Nicolás tuvo que aceptar y darle a su hijo la oportunidad que el no tuvo, aunque hubiera que pagarlo cantando en los eventos del hospital y la universidad tantas veces como fuera necesario.

No defraudó Segundo a su padre, y prueba de ello es que fue de los primeros de la promoción. Continuó su Secigra (lo que en España llamamos MIR) en una ciudad de ceja de Selva como Tarapoto y un pueblo cercano a ella llamado Sisa. Allí conoció a la familia Hidalgo-Pinedo. Doña Elina Pinedo y Don Víctor Hidalgo (si abuelo, tengo tu nariz y tu “talento” comercial), habían mandado a los mayores, de sus 5 hijos, a estudiar a Lima; entre ellos estaba Mirbith Hidalgo (¿podrías decirme QUE no he heredado de ti, mamá?), quien conocería a Segundo tiempo después.

No se si fue el destino, o algún poder superior, pero no puede ser casualidad. Quizás alguien podría explicar que probabilidades hay de que un tercer Nicolás Seclén nazca exactamente 52 años después del primero… creo que muy pocas. Que en plena celebración del cumpleaños del primero, el tercero quisiera nacer… mala elección, ya que nadie estaba en condiciones para atender a la madre, ni siquiera el segundo Nicolás… Mi madre recuerda mucho quien la llevó al hospital del empleado en Jesús María: Juan Zavaleta y también quien la visitó de los primeros portando un ramo de flores: Guillermo Seclén.

Mirando hacia atrás, es muy pequeña la parte que me toca de ésta historia, pero algo está muy claro, me va a tocar escribir lo que viene: sólo soy el primero de 5 hermanos, todos distintos, pero muy unidos, con muchas historias cada uno de ellos... Vivimos en España, muy lejos de la tierra que nos vio nacer a 4 de nosotros, pero la llevamos en el corazón (creo que sobra decir que somos bastante españoles también)... He conocido a la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida y seguro que tendré más historias que contar, pero más adelante…

Sólo se que en pocos días será 10 de Septiembre: el cumpleaños de mi abuelo, el mío y el día antes del cumpleaños de Paloma… Sólo soy una pequeña parte de ésta historia, espero estar a la altura…

jueves, 19 de agosto de 2010

La culpa es de los padres...

Desde que tengo uso de razón, he tenido la sensación de que me ocultaban cosas. Unas veces artículos materiales para que no los rompiera o porque aun no era momento para dármelos, y otras hechos, encubiertos o endulzados con mentiras, para afrontar mejor la realidad. Un ejemplo claro es lo que pasa en mi familia con algunas relaciones matrimoniales, que en principio nunca pasa nada… pero nada es igual que antes…

No es momento de particularizar ni de especular sobre quien hizo que ni con quien, o sobre el tiempo que esto o lo otro lleva roto… Es tiempo de aprender de los errores de los demás y seguir hacia delante, intentando ser una versión mejorada de lo que te precede, y pensando en las cosas que te han pasado que no quieres que le pasen a nadie más…

Mi abuelo Nicolás (si, primer…) dice que una de las características del pueblo Mochica, es que tenían muchas mujeres (por ese lado no soy muy Mochica…), como se puede comprobar por los restos encontrados junto al Señor de Sipán, y otros diversos ejemplos familiares a los que no voy a hacer referencia. Pero no dice nada sobre las relaciones que tenían entre si, los hijos de las distintas parejas con las otras familias…

Y es que quizás no se dan cuenta de lo mucho que esto afecta a los hijos a nivel de confianza y seguridad. El hecho de que me pasara a mí, siendo ya una persona adulta (más o menos) hizo que lo viera de una manera distinta, enfocando más el problema desde el punto de vista de la soledad que el de la inconciencia… pero no es fácil, no... y mis hermanos y yo, somos los únicos que no tenemos culpa de nada…

En realidad son los hijos, los que menos culpa tienen en todos los problemas de ésta índole, pero son los que primero los sufren, mas que por otra cosa, porque no consiguen entenderlo… “¿es culpa mía?”, “¿Qué he hecho mal?”, y un sinfín de preguntas que no siempre tienen respuesta o que es mejor ocultar…

Por eso tengo la sensación de que es hablando las cosas, mostrándolas como son, como evitamos que la historia se vuelva a repetir; y así, si algún día ocultamos algo, que sea porque lo que queremos es que no encuentren los regalos antes de Navidad o reyes, y no ocultar verdades que, cuando salgan a la luz, parecerán más sucias y envejecidas de cómo eran en realidad…

No, si al final va a ser verdad eso que dicen de que la culpa es de los padres…